En bioquímica como en política.

En la vida tomamos decisiones que difícilmente podemos echar atrás: ¡Tú la hiciste,…tú la pagas!. Tenedlo en cuenta antes de firmar la hipoteca. La naturaleza también firma hipotecas. Así que, como dicen que es sabia, podemos consolarnos por analogía cuando, inexorablemente, nos pasen el recibo mensual.

Creo que , a pesar de todo,  lo de “ naturaleza sabia” no debe ser muy cierto porque una y, otra y, otra vez se deja engatusar y firma una tras otra, hipoteca tras hipoteca, tras hipoteca. Sin embargo, a  diferencia con las nuestras,  las firma y, ahí queda eso, y que la paguen los que vienen detrás,… ¡allá se las apañen!…….. ¡Qué envidia!

En el terreno de la química de los seres vivos – o bioquímica- tenemos ejemplos de algunas de estas firmas hipotecarias. En su día, la naturaleza firmó que los azúcares naturales serían todos de un mismo tipo: del tipo de la serie D. La serie D no es una serie de televisión –como el equipo A, o las series X-, no!; es una característica de los azúcares que tienen uno de sus “rabitos químicos” orientado hacia la derecha (si se mira por delante, porque si se mira por detrás, pues va a ser que no). Pero como los científicos son muy suyos y ponen orden en las cosas que utilizan, nos obligan a mirarlos por delante. Lo dicho: serie D

No se sabe si en el mismo o en otro momento diferente, otra firma hipotecaria: esta vez la serie L –justo lo contrario- otro “rabito químico”, en este caso en los aminoácidos para la izquierda. Se ve claramente que mamá naturaleza no se casa con nadie. Derechas e izquierdas; izquierdas y derecha. Para que luego digan que es apolítica. Queriendo o sin queriendo, -esto no deja de ser un inciso-, acabamos imitándola y nos dejamos gobernar alternativamente por unos y otros.

La firma de los contratos hipotecarios no acaba ahí y, de nuevo otro. Esta vez con el ADN; sí! , el famoso ácido desoxirribonucleico –palabreja preciada por todo estudiante de secundaria que se la aprende de memoria para hacerse el interesante o para ligar, que para ambas cosas sirve. Pues bien, el ADN tiene su doble hélice química en disposición geométrica dextrógira y no al revés. Para los amantes de las etimologías (amantes del origen de los palabros; y digo palabros porque son palabras raras), y para los de la LOMCE o LOMLOE  también (por otras razones), indico que dextro viene de diestra, o sea, derecha; (mejor dicho, al revés, que diestra viene de dextro ).

En la segunda parte de la palabra “dextro-giro”, lo de “giro” creo que no hace falta explicarlo y creo que queda claro que la disposición de las hélices del ADN se van torciendo hacia la derecha a medida que avanzan en su trazado giratorio. Más sencillo: avanzan siguiendo el sentido de las agujas del reloj. “Clock-wise”, según dicen los ingleses que siempre han tenido una visión más práctica de las cosas. O sea, que el ADN es de derechas. Sí, de derechas. Me temo que ahora, los partidarios de las derechas estarán frotándose las manos – y haciendo cortes de manga a sus oponentes- al observar que el ADN, jefe molecular de la vida, el “BOSS” que está al mando del control de los procesos bioquímicos, es de los suyos.

Deshacemos el empate que llevábamos hasta ahora y ganamos con un gol extra; y ¡ vaya golazo ¡ Nada menos que del ADN. Algo así como de Ronaldo o Messi, o de Messi o Ronaldo (que más vale no polemizar en estos escabrosos temas). Y, así se nos presenta el ADN en toda su inmensa longitud –muy, muy, muy alto y delgado- estirado y engreído como un “señorito” de derechas.

Pues bien, ante esa actitud chulesca, la naturaleza tuvo a bien firmar un nuevo contrato hipotecario para rebajarle los humos y, aprovechando las circunstancias biológicas de que el ADN debía alojarse en un espacio de dimensiones reducidas ( en el núcleo celular), y que no quedaba otra que hacerlo condensándose,-algo parecido a enrollar esa fibra alargada en carretes, como si de hilo se tratara- decidió que el contrato no se firmara salvo que en él constara que debería enrollarse hacia la izquierda… ¡Y así fué firmado!. Y así quedó: El ADN de derechas enrollado hacia la izquierda.

Finalmente, nuevo empate y en el último minuto de la prórroga.