17
octubre

Temperamento y cáracter genético

Aristóteles, sabio donde los haya, diferenciaba en el ser humano entre temperamento y carácter. El temperamento es innato, y salvo circunstancias muy excepcionales no lo podemos cambiar. Toda la vida con él. El carácter, sin embargo, puede modificarse, lo que se traduce definitivamente en que la persona puede moldear finalmente su “personalidad”.

Temperamento. Aristóteles

Los 4 temperamentos según Aritóteles: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico.

Nuestra experiencia demuestra que dos personas con temperamento similar pueden tener diferentes conductas y ser apreciadas de modos diferentes por quienes les rodean. Son caracteres diferentes, con el mismo temperamento.

En el terreno estrictamente biológico sucede algo análogo. El temperamento lo podríamos considerar como el conjunto de genes con el que nacemos, nuestro genoma, propio y exclusivo. Sólo sufre pequeños cambios debidos a errores (completamente normales) durante las replicaciones del ADN, los cuales no suelen afectar a todas las células a la vez y que por lo general no dañan de manera grave al funcionamiento del todo.

El carácter se moldea

El carácter se moldea, al igual que el genoma es moldeado por factores ambientales.

El carácter, sin embargo, se moldea. Un conjunto de circunstancias moldean la acción de los genes. En ciertos casos, tales circunstancias regulan (anulando, amplificando, modificando, reduciendo…) la acción de los genes presentes en el genoma,  provocando alteraciones y cambiando el carácter biológico del individuo o de alguno de sus componentes; o sea, de sus células.

Las circunstancias biológicas a las que me refiero reciben el nombre genérico de “ambiente”. Y no exclusivamente se refiere a algo externo al individuo, aunque también (alimentación, fármacos, drogas, clima, etc) sino sobre todo al ambiente interno. Es decir, el conjunto de factores internos de la célula -tanto nucleares como citoplasmáticos- y también los aportados por células vecinas o aquellas que, no siendo vecinas, llegan a ellas a través del transporte interior del organismo (sangre, linfa, etc).

Como la vida misma. De igual manera a nosotros se nos moldea el carácter por la relaciones con otras personas (familia, educación, sociedad…) y por las circunstancias personales. No somos sólo temperamento. No estamos condicionados biológicamente de manera exclusiva por nuestros genes sino, sobre todo, por la regulación en la expresión de los mismos, por el carácter.

El ambiente celular interno comprende un conjunto muy variado de factores físicos y químicos que influyen en el sistema celular tanto en sus funciones básicas y comunes como en aquellas otras específicas de cada tipo celular. Esos  factores ambientales,  pueden influir tan poderosamente que fuerzan a las células a un funcionamiento anormal  (por ejemplo: descontrolar la reproducción celular produciendo un cáncer u otro tipo de enfermedades) aunque también podemos obtener provecho de ello haciendo que una célula a la que introducimos cambios en sus factores ambientales, reprograme o modifique su sistema bioquímico convirtiéndose en una célula madre. O que ésta, bajo determinadas circunstancias ambientales  pueda a su vez  reprogramar su sistema para actuar como célula diferenciada.

epigenetic

Factores ambientales internos pueden reprimir o activar genes concretos. En la imagen, un caso de epigenética.

Si conociésemos qué factores y en qué intensidad deberían ser modificados conseguiríamos “arreglar” (curar) casi todas las enfermedades que nos afectan y también modificar -asunto más peliagudo- el sentido de funcionamiento celular.

Poco a poco la investigación va descubriendo algunos de los factores concretos que pudieran ser alterados para reconducir las células a un funcionamiento óptimo. Aunque, por otro lado, cada temperamento celular (genoma particular) puede reaccionar de modo diferente a la modificación de dichos factores.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la investigación  básica se realiza normalmente sobre cultivos celulares extraídos de los individuos y cuando conseguimos averiguar los factores (y su intensidad) que reconduciría la actividad celular, tendríamos que descubrir la forma eficaz de realizar la modificación de esos factores en el sitio en el que las células se encuentran (órgano, tejido y células concretas) donde deberíamos realizarlo. Asunto que, en numerosas ocasiones, supone un “cuello de botella” casi imposible de atravesar.

Por otro lado -como decíamos anteriormente- , cada temperamento celular (genoma individual) puede “reaccionar” de forma diferente a la alteración de factores ambientales. Razón por la que creemos que la medicina del futuro será una medicina “personalizada”.

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