19
julio

ADN, Terapia génica y Bioética

El descubrimiento y los estudios posteriores acerca del ADN han aportado un sinfín de aplicaciones en múltiples campos cuyo conjunto se conoce, en la actualidad, como “la Biotecnología”.

A la Biotecnología se la clasifica por colores según la rama de investigación y aplicación de que se trate. La “Biotecnología roja” es aquella que se refiere al terreno de la salud (medicina y Farmacia para entendernos), y una de esas múltiples aplicaciones específicas es conocida como “terapia génica”.

La terapia génica consiste básicamente en corregir una palabra del genoma (un gen o fragmento de ADN) que está mal escrita por la palabra adecuada (otro gen o fragmento de ADN) con la secuencia correcta.

terapia_genica

Las causas de las incorrecciones génicas son muy variadas: se puede nacer con ellas, padecer alguna mutación en el transcurso de la vida, también son posibles por causas ambientales,… y normalmente producen un considerable número de enfermedades que afectan a un gran número de personas. Esos errores pueden afectar a una sola palabra (enfermedad monogénica), a varias, o a muchas (enfermedades multigénicas).

Cuando la enfermedad es monogénica, el tratamiento biotecnológico más radical consiste en la terapia génica que, de tener éxito, curaría la enfermedad total y definitivamente. Se trata concretamente de cambiar el gen “estropeado” por otro correcto y funcional.

La terapia génica se ha aplicado desde las 2 últimas décadas del siglo pasado tanto en animales como en humanos. Con notables éxitos, pero también con clamorosos fracasos que llevaron a considerarla como una técnica de riesgo y a relegar su utilización.

Esta técnica, aunque con un enorme potencial teórico, pasó a segundo plano debido a dichos fracasos. El análisis posterior de las causas de esos fracasos determinaron que podrían ser las siguientes:

> No saber determinar técnicamente cómo “atinar” con el lugar exacto donde debía realizarse la corrección del gen en cuestión. Se conseguía introducir el gen correcto, pero se incrustaba donde “le daba la gana” y, en ese lugar, llegaba a molestar, en ocasiones, a los genes vecinos y los desorganizaba de tal manera que, finalmente era peor el remedio que la enfermedad, provocando mayores males.

> En otras ocasiones, el “transporte” utilizado para introducirlo (otro ADN denominado vector de clonación) era el responsable de las alteraciones.

> También la dosificación del número y frecuencia de las células transgénicas (modificadas genéticamente) que se inyectaban en el paciente, podrían ser la causa del fracaso.

Sólo en algunas ocasiones el gen correcto introducido se “colocaba” adecuadamente, con la dosis correcta y se conseguía sanar la enfermedad. Pero, en todo caso, cuestión de suerte.

A día de hoy, la terapia génica ha vuelto de nuevo a resurgir porque se ha logrado superar esos “escollos” técnicos. Se han afinado los protocolos de los tratamientos en su frecuencia y dosis, se utilizan vectores de clonación (transportes para llevar e insertar el gen correcto) más eficaces y seguros y, además, sabemos cómo colocar el gen en el sitio correcto. Y los casos de éxito de terapia génica no han hecho sino crecer desde los 3 últimos años.

No es extraño que la revista Science la nombrara como tecnología del año en 2011.

Y que, de nuevo, en 2014, haya sido destacada por el MIT como una de las 10 tecnologías más importantes del año: [EDICIÓN GENÓMICA]

Casi todo lo que supone una gran innovación en Ciencia, nos plantea nuevos interrogantes científicos y, en este caso concreto, también éticos.

Si conseguimos finalmente corregir, con seguridad y eficacia, los genes que están mal, ¿por qué no corregir los que pueden ser objeto de “mejora” aunque no produzcan enfermedad alguna? ¿Por qué no modificarnos al gusto de cada uno? ¿Por qué no aplicarnos un “lifting” genético local, parcial o global?

El abanico de posibilidades se amplía de tal forma que, a bote pronto, se me ocurren un sinfín de interrogantes acerca del resurgimiento de esta técnica: ¿da miedo?, ¿”ancha es Castilla” y a por ello?…. ¿”café para todos” o sólo para unos pocos?… ¿paga la seguridad social o el interesado?,… ¿Si el gen defectuoso es parcialmente determinante de una enfermedad al 10, 20 ó 50%, dónde ponemos el límite para realizar la técnica, y quién debe pagarla?.. etc.

Las preguntas podrían prolongarse hasta donde la imaginación de cada cual le lleve. Pero no cabe duda que las respuestas provocarán, al menos, una controversia social.

¿Qué se puede y hasta dónde? ¿Qué se debe y hasta qué punto?. La bioética tiene la palabra.

 

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